De Araya a Santa Catalina

Distancia: 10,7Km
Tiempo: 3horas
Dificultad: sencilla
GPX de la ruta

La ribera de Araya, versión Tajo (hay dos corrientes con el mismo nombre que nacen en el mismo punto y la otra vierte en el Salor) forma parte de la falla placentino-alentejana y ofrece recorridos llenos de pequeñas sorpresas y gratos momentos.

En el momento de escribir este post, tras las muy intensas lluvias del mes de marzo principalmente, la ribera rebosa agua por todas partes, permitiendo además contemplar la subida de los barbos camino del desove anual.

Partiendo del puente de Araya, en la Ex-302 y tomando un tramo del camino natural del Tajo –del que hemos hablado en otro momento– hasta llegar a las indicaciones que nos remiten a las “ruinas de la ermita de Santa Catalina” situada en el punto más alto de la ruta. Desde allí continuando el camino en descenso y tras pasar una puerta, se toma el tramo empedrado de la calzada romana, pasando por el bonito pilón de Santa Catalina y descenciendo hasta la misma ribera, justo donde termina (o empieza) el tramo embalsado de la misma.

En años de menos abundancia de agua, es posible cruzar por ese punto. En años como este, la única es opción es avanzar hacia la derecha en busca del puente recién construido, cruzar y volver al punto de partida.

El recorrido a ambos lados de la ribera, permite disfrutar del tramo salvaje de la misma mientras se disfruta con la presencia continua de los barbos. Chopos y otros populus adornan el camino. Todo este tramo salvaje está acotado como de pesca sin muerte y no es hasta donde acaba la corriente cuando donde empieza la zona de pesca deportiva. La presencia de pescadores es notable en este último tramo.

Un paseo por la plaza de Garrovillas de Alconétar y un refrigerio en la tasca más genuina de las que recuerdo en pié, cierran nuestra aventura dominguera.

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