GR 113. Cedillo-Alcántara. y III

Tercer día y ya se iba notando. Tras los 30km de Cedillo a Santiago y los 23,4 de Santiago a Membrío, nos quedaba la última etapa. Casi otros 30km por delante. Se nos une una chica al grupo v otra nos hace el gran favor de llevarnos las mochilas a destino. Algunas lesiones eran importantes e ir sin la mochila a cuestas se agradecía. Volábamos.

3ª etapa: Membrío-Alcántara

28,7 km en 07.14 horas, desde las 9.46 hasta las 17.01, con una velocidad en movimiento de 4,9 km/h. Dificultad baja, podemos destacar el paso del Salor con sus más de 13km de desniveles llegando a una pendiente máxima del 20%.

Todos los detalles telemétricos de la ruta con gráficas y recorrido están disponibles para descargar: Membrío-Alcántara.

Perfil Membrío-Alcántara

Aunque el chico del hostal había trasnochado, y eso se notaba a la legua, nos preparó un amable desayuno a base de zumos y tostadas. Recibimos a las chicas y directos a la tienda por comestibles. Nos esperaban dos tramos centrales bien diferenciados con puntos de partida e inicio muy similares. Todo la etapa se realiza sobre la Cañada Real de Gata, bien amplia en algunas zonas con sus correspondientes 90 varas castellanas, y recuperada y marcada a modo de talud central, principalmente en el tramo del Parral.

La salida de Membrío nos vuelve a ofrecer el espectáculo de las paredes en las pequeñas cercas que rodean el pueblo. Cruzamos la carretera y dirección al Parral, al fondo se ven los chozos rehabilitados por el ayuntamiento, iniciamos un largo descenso hasta el Salor. Según vamos acercándonos al Salor, observamos como la seca está haciendo auténticos estragos en la zona. El descenso va siendo suave hasta que un abrupto ascenso intermedio da paso a una auténtica pista de slalom, difícil de andar obligándonos a sujetarnos al follaje en ciertos momento.

En el Salor hay dispuesto un descansadero con unas bonitas vistas al río. Los galápagos son muy numerosos en esta zona del río, también las nutrias, algo más complicadas de ver. Descanso y barritas.

La subida del Salor es con diferencia una de las zonas con mayor impacto de huella humana, la construcción de la carretera ha dejado huellas en modo de taludes y barrancos absolutamente carentes de proyecto de recuperación ambiental. Sus vistas son dañinas al ojo y afean la ruta de un modo considerable. La subida final, reforzada con escalones de piedra y madera, nos obliga a hacer un considerable esfuerzo.

Estamos arriba, ante nosotros los Llanos de Brozas. Estira la vista hasta donde quieras, llegarás lejos. Bienvenidos al reino de las avutardas, los milanos y los aguiluchos. Ni un árbol en muchos kilómetros, zona cerealista por excelencia hasta hace algunos años, hoy el lugar está ocupado por amplias ganaderías extensivas ovinas y vacunas principalmente. El valor ecológico de la zona contrasta con lo arduo del terreno, para gustos los colores.

Si bien la cañada está perfectamente definida, el ministerio ha preferido además levantar el talud de metro y medio para dejar bien visible el camino, aunque el paso es más alegre fuera del mismo. Seguimos por el llano, y seguimos. Detrás la tormenta.

El Jartín es uno de esos pequeños ríos con personalidad propia, los suaves riberos de la zona articulan un río tan sinuoso y tranquilo como salvaje por momentos, rodea los cerros creando unos espectaculares meandros y en las gargantas corre que se las pela buscando la Regofa (paraíso natural donde los haya y de la que hablaremos en otro momento). Su desembocadura bífida, remata la faena de su personalidad.

Las constantes subidas y bajadas antes de llegar a Alcántara y la tormenta que se echa encima junto a las ganas de llegar, convierten el último tramo en un juego, la risa floja y los comentario salpicones brotan por cualquier circunstancia. Al subir el cerro vemos el campo de fútbol y optamos por llegar de la forma más directa al Potombo.

Realmente la ruta continúa haciendo un quiebro hacia el Tajo, siendo la primera vez desde Cedillo que realmente se ve el río. El camino va paralelo al tajo derecho hasta situarse justo enfrente del puente romano de Alcántara ofreciendo un momento difícil de superar. Este tramo de ruta, muy frecuentado por los alcantareños, es sin duda un espéctaculo por sí mismo.

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